¿Qué es el personalismo?

Síntesis del texto de Emmanuel Mounier

 

                                               Lic. José Fernando Tirado Becerril

                                                                   

 

                                                                            

                                                                    

                                                                      Emmanuel Mounier 

 [Filósofo francés, (1905-1950),  impulsor de la corriente de pensamiento  denominado  "personalismo."]

 

El texto al que vamos a referirnos, ha sido obra de Emmanuel Munier como fruto de sus reflexiones a lo largo de los diez años transcurridos después de la aparición del Manifiesto al servicio del personalismo en Francia en 1936. El texto no pretende cambiar las ideas principales del personalismo, pues su esencia sigue constante, sin embargo, la intención de Mounier sí es enriquecer las ideas de antaño y poner avisos de atención donde los conceptos y las intenciones no son fieles al personalismo como tal. El primer punto de atención que Emmanuel Mounier desea plasmar es que  el “personalismo […] no será jamás un sistema ni una máquina política”[1] también pone en aviso la “tentativa de usar” el termino ‘personalismo’ “para la pereza histórica, para la defensa de formas de civilización que la historia condena.”[2] El deseo  de Mounier ante el personalismo es expresado desde un inicio para no causar sorpresas: “habiendo despertado en bastantes hombres el sentido total del hombre, desaparezca sin dejar rastro, por haberse confundido completamente con el cotidiano transcurso de los días.”[3] Pero para que esto suceda según sus deseos es  necesario dejar en claro qué es el personalismo en sus raíces mas intimas.

Cuando se habla de personalismo se debe referir  siempre a la intención de “empuje totalitario” donde se comprenda la totalidad de la persona humana y se acentúe su defensa contra la opresión de los aparatos, pero esta comprensión y defensa de la persona  esta asociado al termino “comunitario”, no puede separarse de este termino porque correría graves peligros de desvirtualización pues la persona no es una célula “ni siquiera social” sin o una  “encrucijada de donde arrancan todos los caminos del mundo”[4]  precisamente por ello el hombre esta inmerso en el mundo a través de la historia y el personalismo como doctrina también lo está  e indudablemente no es un esquema de pensamiento que se pueda trasladar intacto en la historia.

            El documento que tratamos comienza haciendo una remembranza histórica para poner en claro las raíces de este esquema filosófico, el movimiento nace de la crisis de 1929 de Wal Street   y se dio a conocer mediante la creación de la revista  Espirar en 1932. Ante esta crisis se presentaban dos explicaciones: a) La de orientación marxista que decían que era una crisis económica clásica, una crisis de estructura y la solución es transformar la economía; b) Los moralistas se oponían pensando  que era una crisis del hombre, de las costumbres y los valores; la solución por tanto está en cambiar al hombre para restablecer a la sociedad.  Sin embargo el grupo de personalistas no estaban de acuerdo con ninguna de los dos opiniones, pensaban que ambos incurriera en el mismo error  moderno- cartesiano de separar el “cuerpo y el alma,  el pensamiento y la acción, el homo faber  y el homo sapiens”; por esto los personalistas afirmaron que la crisis era simultáneamente una crisis económica y una crisis espiritual, crisis de estructuras y del hombre.

Los personalistas le objetaron  a los marxistas que su materialismo, por sutil que sea,  mutila al hombre y compromete la revolución, pues es una filosofía que, “insistiendo justamente en un humanismo del trabajo y de la función fabril, considera ilusorias otras dimensiones no menos esenciales del hombre, en especial la interioridad y la trascendencia”[5].

            Por otro lado la crítica  que se hizo del espiritualismo radicaba en que “habéis dejado confundir el destino del hombre con habladurías del espíritu por el espíritu”[6]un espíritu que se torna esclavo y ciego y ante esta confrontación nace la convicción espiritualista que consiste en que “el primer paso de la ‘revolución espiritual’ es la revolución económica y política que le abre un camino hasta estos destinos demasiado  ofuscados aún por las preocupaciones elementales de la defensa vital para ir hasta ella”[7], Así en general la crítica que los personalistas han hecho del “organismo histórico” en que  vivieron  los condujo a posiciones revolucionarias contra el aparato capitalista, la democracia formal y las instituciones inherentes a dicho sistema, sin embargo no por ser revolucionarios se inscriben en un partido marxista pero su voluntad  era autentica y profunda, menos orientada  hacia los medios revolucionarios que hacia la purificación de la misma revolución, los personalistas buscaban continuamente una “técnica de los medios espirituales” por ello su primer trabajo fue el de purificar valores, esto es lo que llaman “anhelo de pureza revolucionaria” que va unido a un anhelo de Absoluto el cual es la columna primordial de la acción personalista. En cuanto a este absoluto se puede ver en la historia como rostro siempre nuevo y fiel, pues la historia no es una relatividad que nace en cada instante.  Pero Mounier pone atención en este aspecto de absoluto pues la preocupación autentica de absoluto y del esfuerzo constante hacia la perfección  corre el riesgo de devenir en dogmatismo estéril, sin embargo, aclara el autor que el personalismo no ha caído en él pues mientras que la pureza abstracta va siempre hacia lo general y cae en la esterilidad el personalismo tiene cuidado  en ser afirmación e inserción concreta “responsabilidad asumida en un mundo de situaciones”; No obstante el personalismo al  permanecer inclinado hacia  esta preocupación  corría algunos peligros: el primero era deslizarse hacia la utopía que existe desde el momento en que la proyección histórica que guía la acción es el producto de una construcción puramente conceptual; la búsqueda de una revolución pura por vía de la limpieza ideológica podía hacer caer las pretensiones personalistas en un vil conjunto de buenas intenciones, ante este peligro el personalismo se afianza en el anhelo de pureza como búsqueda incansable de una cierta delicadeza de actitudes ante el mundo en la acción, es precisamente la acción un componente indispensable de este anhelo de  pureza. Otro peligro es caer en  un ámbito de estrechez individualista, nada mas contrario al personalismo, pero que se corre el riesgo de presentarse precisamente por estas intenciones de pureza.  Para lograr no caer en estos peligros una estrategia infalible es el pequeño conjunto de hombres de buena voluntad decididos a mantener en las solicitaciones de la acción  cierta intransigencia de principios y de medios.

Una característica del personalismo es que necesariamente debe elegir, de hecho, dice Mounier, siempre han elegido, en lugar de dar rodeos, y después de un tiempo se han podido percatar que han elegido lo mejor de cada momento. La prueba misma de estas elecciones nos esclarecerían el sentido verdadero del compromiso espiritual. El compromiso es para el personalismo una servidumbre y no una maldición en la medida en que contribuye al equilibrio y neutraliza el egocentrismo; así hay dos realidades que nos constatan continuamente nuestra condición: el materialismo y el colectivismo  son maneras brutales de recordarnos que somos hombres entre las cosas y hombres entre los hombres.

Hay una doble condición  donde la alegría existencial está mezcla con una tensión trágica que hace de nosotros, hombres de respuesta y responsabilidad.

Para el personalismo el hombre es capaz de dirigir la historia y transformarla y el único medio eficaz de dirigir la historia es analizar directamente el movimiento de la historia en una experiencia vivida y progresiva. Es a partir de este planteamiento  que Mounier afirma  que “si toda acción nos introduce en un mundo de datos preexistentes, no hay jamás acción completamente pura […] Una acción razonable no es una acción desde el principio enteramente pensada cuyas modalidades son deducidas en un segundo tiempo de los principios de los esquemas preestablecidos”[8] Es decir que por lo regular la teoría se forma de y por la experiencia, así el personalismo por muchas experiencias que posea en  al día de hoy  no impone ninguna forma de acción histórica. “Es mediante  una creación nuevas, diferente según el lugar y el tiempo, como unos inventores de lo político podrán darle eventualmente un destino político”[9] esta dimensión historia obliga al personalismo a su característico compromiso:

 

“En una época como la nuestra, tan penetrada de narcisismo hasta  en sus mas altos niveles, importa poner de relieve en adelante, contra el primado del escrúpulo y de la integridad, los valores de decisión y de compromiso”[10]

 

El compromiso radica especialmente en la necesidad de acción, y toda acción implica una elección, el personalismo ante la historia no puede quedarse quieto, debe moverse, tomar decisiones, elegir. Mounier cita a Hitler en el pensamiento de que “ una respuesta imperfecta es mejor que ninguna respuesta en absoluto” esta es una regla de los dos principios personalista unidos, del principio individual y de la acción colectiva.

            El personalismo debe tener siempre bien en claro la necesidad de mantener siempre comprometidos su pensamiento y su acción, debe temer a las utopías y el conformismo mediocre del no-compromiso. Una filosofía del compromiso tal y como se ha planteado en lo párrafos anteriores es para los personalistas inseparable de una filosofía del absoluto o de l trascendencia del modelo humano.

            La “inteligencia histórica” se halla vinculada  siempre a un tiempo y a un lugar y la representación que ella se hace del “hombre eterno” está siempre particularizada por el punto de vista desde el cual se divisa. Es de aquí precisamente que nace  la desconfianza que tiene el personalismo ante todas las formulas de –defensa de- puesto que cuando llega a dominar el espíritu de defensa es señal  de que la invención ha muerto y ha vencido el afán de conservar contra la necesidad de crear, el personalismo es particularmente revolucionario y no tiene la mínima intención de conservar por conservar.

            Para el personalismo, deja en claro el autor, no hay condición humana, no hay absoluto humano sin que el drama de las soledades y de la imprevisibilidad desconcertante de las creaciones sean penetradas por una intención de universalidad, solo hay hombre en una unidad virtual de tiempo y espacio, por ello, afirma Mounier, el absoluto humano es la totalidad de la historia del hombre. Es por esto que un punto de vista históricamente situado jamás podrá proponerse como una definición adecuada de la naturaleza del hombre. Es la ilusión de cada época histórica adoptar para el hombre eterno la  imagen más perfecta  que se ha formado del hombre de su  tiempo; sin embargo, estas imágenes sucesivas evocan una permanencia abierta , cada una la expresa en un “mármol nuevo” y representa en su época más que su época. Precisamente porque ella desborda su épica al expresarla, cada una de estas imágenes, por el poder mismo de eternidad que encierra, es caduca. Llega un momento en que está amenazada por el tiempo que pasa e inventa el hombre ; en este momento, en la amenaza fuerzas “infernales  y divinas”. Aquí  el personalismo corre el riesgo de concederle una especie de favor  de principio al herético, anarquista, al no-conformista, sin embargo un personalismo del compromiso no puede admitir esta primacía de la negación y oposición . La idea de absoluto nos arroja constantemente hacia la historia y  también fuera de la historia.

            El hombre solo es hombre por el compromiso, la garantía de nuestra libertad es el compromiso y su carácter relativo, relativo a un absoluto que evoca, pone en obra y traiciona a la vez. Sin referencia al absoluto el compromiso no llega a ser mas que mutilación, organización progresiva de la desesperanza.

            El autor deja en claro que el personalismo  no es un sistema político que simpatice en particular con otro sistema político pero tampoco se opone ni al socialismo ni al comunismo, todo depende de que personalismo, que comunismo y que socialismo se trate, efectivamente, se pueden encontrar diversos tipos de socialismo y comunismo e incluso de personalismos que pudiesen ser hasta opuestos entre sí.

            El liberalismo económico  y la democracia parlamentaria al estilo Ingles  se han vanagloriado de promover la libertad de espíritu y de movimiento, desde esto hay quienes intentan ligar al personalismo con este tipo de sistema  y la lucha personalista con la conservación de estos elementos del ayer totalmente rebasadas en el hoy  pues promovían ciertos valores personalistas sin embargo un personalismo ligado con esta conservación sería totalmente antihistórico, y por ello Emmanuel Mounier se opone contundentemente a este tipo de personalismo conservador.

            El personalismo de Mounier no esta ligado, como he escrito antes a ningún tipo de sistema político  sino que es un esfuerzo continuo y total por superar las crisis del siglo XX. Esta indeterminación en principio  podría parecer una debilidad. Políticamente es definitivo que sí es una debilidad pero  por el deber que impone del compromiso, poe el valor que da a la presencia histórica el personalismo aporta una contribución directa y perspectivas indispensables incluso para el análisis político.

            El personalismo se sumerge, pues en la crisis del mundo occidental del s. XX   y su punto de partida es muy particular, indaga los focos de esta crisis histórica singular, sus estructuras, sus desenlaces, a la luz de algunas perspectivas fundamentales acerca del hombre que intenta no confundir con las costumbres de época.

            El primer foco es un aspecto negativo: La dislocación de la noción clásica de hombre. Contra esta concepción parece verse una especie de cólera, así vemos como las artes: pintura y escultura y la filosofía aseguran que el hombre no tiene esencia y por tanto no hay naturaleza humana “el hombre es una anda [sic] móvil que hace el mundo corriendo detrás de una ilusión”[11], sin embargo ante esta rebelión contra las formas de hombre la reacción personalista no puede ser simplemente negativa. El personalismo ve en esta negación del hombre una posibilidad de resurrección, pues todo lo que concierne al hombre no se desarrolla mas que por crisis, donde la negación debe ser total para que el renacimiento sea mas admirable, si embargo no se excluye la posibilidad de que algún día este frenesí  de negación del hombre por el mismo hombre  lleve hasta la destrucción del hombre por el hombre. En el centro de esta crisis los personalistas deben favorecer a la vez la permanencia del hombre  y  su cambio:

 

 “La revolución  del siglo XX debe proporcionar al hombre contemporáneo un instrumento técnico racional y una organización social justa. Pero ella tiene por cometido también proporcionarle una razón para vivir y morir y en primer lugar una consistencia”[12]

 

La evaluación que el personalismo hace del hombre del siglo XX indica que  está profundamente alienado y por ello es preciso reintegrarlo a sí mismo y a su destino. Esta alienación es doble en el hombre de este siglo, por un lado esta la individualización y por otro la masificación, ambos son graves enfermedades para los que el personalismo tien una respuesta.

            El personalismo no tiene ninguna ligadura con el individualismo que tiene varias formas de manifestación:  un individualismo  toma al yo como una realidad aislada, en una realidad separada del mundo y los otros yo; otro  individualismo enlaza esta separación y nos da por tarea cultivar las diferencias y la “sagrada autonomía” postula por tanto la incomunicabilidad mas o menos estanca de las conciencias; o bien prueba salir de esta conciencia solitaria, pero como se ha encerrado en ella ninguna dialéctica logra sacarlo. Ante esto el personalismo  postula que el camino esencial de un mundo de personas no es la percepción aislada del sí, ni el afán de sí egocéntrico sino la comunicación de las conciencias, la comunicación de las existencias , es decir la persona sólo existe con el otro o mejor la co-existencia. La persona es una realidad eminentemente comunicable que se fundamenta y se nutre con la presencia del sí en el otro. El hombre personal no es un hombre desolado, es un ser rodeado, arrastrado, llamado. El personalismo nunca compromete al hombre con el aislamiento  pues una filosofía de la persona impulsa hacia fuera de sí mismo en una viva lucha y un servicio activo. La conciencia cobra aquí una función importantísima de aplazamiento y garantía de lucidez, pues toda conciencia es conciencia de un fuera de, movimiento hacia fuera. La vida personal  más alta nos descubre un movimiento hacia un modo de vida que, al mismo tiempo que nos realiza hasta la plenitud, desborda la experiencia del para sí y de la autonomía, unida a una necesaria colectividad.

            Vemos pues dos alienaciones en que el hombre roza perpetuamente. Una ha sido valorada especialmente por l tradición marxista, en un mundo en que la dislocación se acentuaba cada vez más entre el desarrollo de las grandes técnicas de expansión, de las que dependía cada día más estrechamente las condiciones elementales de los destinos individuales y una especie de utilización de la vida subjetiva que, so pretexto de espiritualidad, la hacía progresivamente anémica. Esta es llamada la alienación idealista que se manifiesta por una especie de primado decadente de la idea descarnada sobre el pensamiento comprometido y la experiencia decisiva, es un espiritualismo desvitalizado que ha llegado a confundir, bajo la idea de –vida interior- , la interioridad esencial  y necesaria en  la vida personal  con el repliegue del individuo sobre sus complicaciones intimas.

            Por otro lado el uso de las técnicas, la vida entre las masas, no son necesariamente despersonalizantes sin embargo si lo son si por renunciar a conseguir una síntesis laboriosa, el hombre renuncia en esto a querer vivir personalmente. Un orden excesivamente rígido  de la producción o de la vida pública introducirá tanto desorden desde el punto de vista del hombre, como la anarquía individualista.

            Los personalistas se lanzan a una búsqueda de la s experiencias auténticas de la persona en la intención saludable que expresan las doctrinas del materialismo,  el espiritualismo y el colectivismo, y es como hombres en el mundo con los otros, hombres entre los hombres que realizan esta exploración:

A)    El sentido de la afirmación materialista envuelve una amplia verdad donde la lucha del hombre con lo real y especialmente con las resistencias de la materia no es solamente un combate utilitario, sino un elemento esencial de su equilibrio y de su cultura. Aquí el materialismo y el cristianismo se acercan hasta casi tocarse pues los autores de la  tradición cristiana han denunciado desde el principio que el amor propio o la complacencia subjetiva son la desviación principal de una vida espiritual. El personalismo recuerda aquí que no existe en realidad vida del espíritu sin vida de la materia en la medida en que es un ser-en-el-mundo, y esto lleva a asegurar que no puede haber en tiempo de crisis una re3volución espiritual sin una revolución material, es importante remarcar que la materia y el cuerpo no son simples extensiones del espíritu sino su expresión inmediata, es la cara sensible. La verdad primera del materialismo es que “no hay realismo completo sin un principio de exteriorización”

B)     El espiritualismo tiene como verdad escondida en el fondo que “no hay realismo completo sin un principio de interiorización”. El personalismo ve esta interioridad  no como una fuga de lo real, de la acción o de la responsabilidad, supone mas bien un repliegue metódico, una retracción de la agitación de los actos y de la dispersión de las cosas; mas que un repliegue una recuperación de sí y de su derrotero. El recogimiento de la interioridad no persigue un refugio del exterior, un aislamiento, una soledad por la soledad misma, sino que en el silencio que el recogimiento supone se encuentran las fuerzas para la acción se prepara la vida y se reencuentra al hombre. La interioridad es renovación continua del ser y de la acción. Un cierto realismo denuncia en esta disponibilidad interior una debilidad fundamental que el personalismo quiere rescatar pues esta es la única raíz de una humanidad de hombres. Aquí Mounier distingue entre dos tipos de humanidad: los hombres-objeto y los de humanidad. El mundo contemporáneo esta lleno de los primeros  mediante las doctrinas mas diversas, los personalistas preparan a través de todas las audacias políticas, sociales o económicas que se quiera, un mundo de hombres de humanidad, que es un mundo de hombres libres, pero no al estilo de la libertad dada por el aparato liberal que es demasiado ligera pues hay en la verdadera libertad una necesidad de entregarse a algo mas que sí mismo, que asumir otra cosa que sí mismo, de colaborar. “la libertad deja de ser libertad si no es más que la adhesión al movimiento de la historia o a las decisiones de un régimen [..] (aquí toma sentido una frase de Marx: Nuestro papel no es mirar el mundo, sino transformarlo”[13]

C)    Con respecto al colectivismo es preciso decir que la libertad de la que hablamos en el párrafo anterior no puede concebirse como una libertad de hombre solitario individualista que subsiste en la masa pues en el centro de la naturaleza humana subsiste  una soledad esencial, testigo de su inagotable deseo que no puede desviarnos de  crear instrumentos de comunión. Así se ve que el movimiento hacia la emergencia de comunidades cada vez más vastas está ligado al movimiento de personalización. “Se puede incluso decir que el destino central del hombre no es dominar la naturaleza ni saborear su propia vía, sino realizar progresivamente la comunicación de las conciencias y la comprensión universal”[14]  es por ello que el personalismo siempre desde sus orígenes ha estado ligado al comunitarismo: personalismo-comunitario. Los colectivismo reunían la aspiración comunitaria allí donde el despojo de la vida y la solidaridad de la miseria dejaban casi intacta, en las masas populares. Sin embargo el mal burgués del no-colectivismo esta empapando ya incluso estos sectores populares. Aquí esta aspiración se une a las mas elementales intenciones del cristianismo pues en su tradición podemos ver que siempre ha estado en contraposición con la individualización promoviendo una necesidad comunitaria. Sin embargo hay el riesgo de crear colectividades opresivas, nada mas contrario a la persona, se debe suscitar en el hombre singular la colectividad no opresiva.

 

“El hombre colectivo del siglo XX nacerá de los medios del siglo XX: la velocidad, radio, prensa, organización. Nada de esto está manchado de una especie de pecado original. Pero la complicidad que ofrece a la despersonalización masiva es evidente. Esa complicidad ha producido ya sus efectos en un mundo que pierde el gusto por la vida personal. El mas grave peligro que amenaza al colectivismo popular es impulsar la exaltación de la masa.”[15]

 

A partir de lo anterior es que Mounier puede llegar a afirmar que el remedio para el individualismo no es en definitiva la despersonalización del individuo, sino la superación constante del individuo que es el mismo superación el camino de personalización. Los personalistas no temen superar a la persona y buscan en todo elemento de despersonalización la transpersonalización posible. Es precisamente el principio de superación lo que une el principio de exteriorización con el de interiorización, los personalistas han reencontrado la superación en el fondo de todos los grandes impulsos del alma contemporánea, en el principio dialéctico marxista, en el impulso colectivista y en la exigencia espiritual. Aquí el personalista descubre que el ser mismo del hombre es la superación.

            Hay dos formas de tomar el camino personalista: el primero   es pensarlo como un a aventura abierta, hecha de futuro, abierto al constante cambio del embate de la historia, siempre atento a a buscar en el ayer las exigencias que se pudieron escapar para reconstruir y reconstituirse continuamente, este camino es pensar el personalismo como un sujeto y motor de cambio que no puede fijarse en el tiempo como un simple sistema estancado sino constante invenció. El segundo camino que es erróneo es el del equívoco y la charlatanería, alerta Mounier, es el esfuerzo de hacer brotar un mundo nuevo bajo viejas tradiciones.

            El error y peligro mas frecuente  es el de cubrir con el personalismo una simple vicisitud del individualismo, pero ante esto el verdadero personalismo se encuentra en la esquina contraria pues la persona es un yo hacia y por los otros donde el nosotros es anterior al yo, esta aspiración es llevada por estructuras que nos imponen una vida colectiva. Este peligro surge de la acción de dar razón al miedo a las tiranías colectivas, pero mas allá de las razones justas o no de las que este temor se nutre la discusión se desvía hacia una oposición estéril “Un pueblo que rehúsa el porvenir por temor a sus excesos es un pueblo enfermo e indigno del futuro”[16].

            Otra falacia es presentar al personalismo, para atacarlo o defenderlo, en el lenguaje del espiritualismo y del idealismo tradicional. Según los marxistas el idealismo parte del postulado de que el “espíritu vive fuera del mundo real, es decir fuera de la masa de la humanidad” ante esto muchos marxistas caen en el error  de asimilar el pensamiento personalista con este idealismo sin identificar que ambos tienen el mismo enemigo.  Así encontramos distintas actitudes erróneas en el personalismo: 1) La actitud personalista se reduce en ocasiones a una especie de elocuencia sagrada, -defender a la persona- se vuelca en un aferramiento constante que oculta la negativa perezosa de plantear en los puntos candentes los problemas reales, aquí surge una actitud sermoneadora que deviene en moralizante. 2)  Ante un mundo cada día mas entregado a la mentira, a la ilusión y al cinismo, el anhelo que afirma tener el respeto a la verdad y al dialogo entre hombres es a veces desviado hacia una especie de altura dogmática. Se corre el riesgo de alejarse hacia lo alto y desde ahí juzgar, ante este el personalismo debe estar en guardia de no caer en una actitud puritana. 3) Otra huida hacia el idealismo toman la forma de espíritu de catástrofe,   esta actitud lleva a dos reacciones equívocas, o bien un revolucionarismo perfectamente amargo, o un conservatismo desengañado. 4)En oposición a este humor agresivo puede desarrollarse sobre el personalismo una especie de pacifismo metafísico y ahogarlo en una muerte lenta. El personalismo busca constantemente la unión del espíritu y la materia, del pensamiento y la acción, aquí puede realizarse peligrosamente un sincretismo perezoso, los personalistas dan la impresión en ocasiones de integrar con demasiada facilidad  quedándose satisfechos con un pluralismo ecléctico, ante esto es necesario un toque de rigor: “Unificar no se obtiene jamás sin sacrificar”.

            Por otro lado muchos intentan confundir con el personalismo al liberalismo, ya que sus valores  de persona, libertad, iniciativa, etc.  coinciden con los del personalismo, pero  Mounier deja bien en claro que no se trata de defender  “la libertad –caduca- del liberalismo, sino de dirigir la permanente vocación del hombre a la libertad,  hacia un estatuto nuevo, adaptado a las condiciones que le ofrece el s. XX”[17]

            Para terminar el autor explica por qué para algunos el personalismo parece inalcanzable, la razón radica en que estos buscan en la acción personalista un sistema, cuando en realidad es perspectiva, metódico y exigencia.

            El personalismo es perspectiva pues ante el idealismo y el materialismo abstracto opone un realismo espiritual que es un esfuerzo por alcanzar la unidad de estas dos perspectivas.

            Como método el personalismo rechaza a la vez el método deductivo de los dogmáticos y el empirismo integral de los realistas, el método personalista radica en avanzar en la historia  haciendo historia, pues las constantes de la condición humana no pueden ser descritas bajo la forma de un esquema establecido, estas constantes están ampliamente comprometidas en la situación de cada momento.

            El personalismo es ante todo exigencia  simultanea de compromiso total y condicional  y todas las zonas del pensamiento deben renovar esta exigencia: la educación debe preparar su terreno en  la vida personal, la vida privada y la vida pública.

 

Bibliografía

 

·        Mounier, Emmanuel : El personalismo, antología esencial, ¿Qué es el personalismo? . Salamanca, Ed. Sígueme, 2002



[1] Mounier. ¿Qué es el personalismo? P. 601

[2] Ibidem

[3] Ibidem

[4] Ibidem.

[5] Ídem p. 606

[6] Ibidem

[7] Ibidem.

[8] Idem pp. 616 y 617

[9] Ibidem

[10] Ibidem

[11] Idem. p. 629

[12] Idem p. 631

[13] Idem p. 648

[14] Idem p 648

[15] Idem p. 650

[16]Idem p. 656

 

Ante los desafios que la ciencia nos plantea día a día es importante hacer una profunda refelxión de caracter ético-filosófico que nos permita valorar en su justa dimensión cada "avance"; defendiendo en todo momento la dignidad de la persona humana.

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